Las personas mayores reivindican sus derechos en la celebración del 1 de octubre

La discriminación por edad o edadismo es, sin duda, uno de los problemas más característicos a los que tiene que hacer frente una persona durante la vejez. Mediante esta forma de exclusión tan arraigada en nuestra sociedad actual, los mayores ven como el paso del tiempo supone, en muchas ocasiones, una merma de sus derechos como ciudadanos. En el día Internacional de las Personas Mayores, celebrado cada 1 de octubre, tras su designación hace ahora treinta años por la Asamblea General de las Naciones Unidas, los mayores vuelven a reclamar su papel en la sociedad y piden que su mensaje sea escuchando tanto por administraciones y gobiernos, como por la ciudadanía en su conjunto. “Nuestros derechos no caducan con la edad”, aseveraba la presidenta de la Fundación Pilares, Pilar Rodríguez, durante su intervención en una mesa redonda virtual organizada por el IMSERSO, con motivo de este día.

El encuentro, que contó con la participación del director general de dicha Entidad Gestora de la Seguridad Social, Luis Alberto Barriga, ponía el foco en cuatro grandes ejes que afectan a la población mayor: soledad no deseada, efectos económicos de la pandemia, situación de las residencias y brecha digital, cuya problemática era abordada por diferentes representantes del Consejo Estatal de las Personas Mayores (CEPM). En lo relativo a la soledad no deseada, el vicepresidente I de dicho Consejo, Luis Martín, recordaba cómo según la OMS el aislamiento al que se ven sometidas muchas personas supone uno de los mayores riesgos para la salud de las mismas. Es necesario “sensibilizar, concienciar e implicar a la población en una sociedad cohesionada”, apuntaba. Durante su intervención, Martín hacía también alusión al borrador sobre la Estrategia Nacional de Lucha contra la soledad no deseada de las Personas Mayores, presentado por el IMSERSO al CEPM en diciembre del 2019, y que la pandemia habría paralizado. Una Estrategia a la que más adelante también se referiría Luis Barriga, quien emplazaba a seguir trabajando en su desarrollo para evitar que dicho proyecto acabe siendo como tantos otros “un buen documento bien elaborado, con mucha participación, que luego no tuviese materializaciones concretas”.

Con respecto al modelo de residencias actualmente vigente, la representante delegada de la Federación de Asociaciones de Mayores del Principado de Asturias (FAMPA), Dolores San Martín, reflexionaba acerca de la necesidad de conseguir una colaboración sociosanitaria “real y efectiva”, en un modelo en el que la dignidad de la persona debe ser algo prioritario. “Queremos un modelo en el que no perdamos el control de nuestras vidas”, aseguraba. Para proceder a dicha reconversión es necesario dotar de mayores recursos al sistema, además de mejorar las políticas de ayuda al domicilio para que la persona pueda asistir “a una etapa final de la vida con calidad, dignidad y libertad”, señalaba San Martín. Coincidiendo con lo aportado por la representante de la FAMPA, el director general del IMSERSO sopesaba acerca de la importancia de promover la capacidad de decisión de los mayores y el libre ejercicio de su autonomía. A su vez, recordaba como desde el IMSERSO, en colaboración con las comunidades autónomas, han realizado un borrador, que será presentado en los próximos días, en el que se analiza lo ocurrido durante la primera oleada de la COVID-19 en los centros residenciales, a fin de evitar que la situación pueda llegar a repetirse. De los 31 factores identificados hasta el momento, Barriga asegura que en al menos 29 de ellos se puede intervenir.

Brecha digital e impacto del COVID-19 en la población mayor

La pandemia ha sacado a relucir diversas deficiencias que permanecían ocultas en el sistema, incrementado las desigualdades y provocando “daños económicos y sociales distribuidos de manera desigual”, apuntaba el secretario del CEPM, Manuel Menéndez, quien recalcaba la importancia de proteger los derechos de los mayores y recordaba como en diferentes crisis, estas personas han sido el “sostén de la sociedad”. Menéndez, también destacaba la bajada por primera vez en la historia de la nómina de las pensiones contributivas durante el mes de mayo a consecuencia de la epidemia y denunciaba el abusivo incremento de precios de determinados productos y servicios.

Por su parte, Margarita García, representante de la Unión Democrática de Pensionistas (UDP) aseguraba como la brecha digital se habría incrementado en los mayores, debido a las dificultades de acceso a las nuevas tecnologías. García, identificaba dos problemas principales: de acceso y de uso, que estarían a su vez estrechamente relacionados con una falta de formación. “Los mayores tenemos tanto derecho a la formación permanente y adecuada como la tienen los jóvenes”, aseveraba. Para la representante de UDP, las tecnologías se han convertido en una herramienta fundamental a la hora de luchar contra el aislamiento y la soledad no deseada, mejorando indiscutiblemente la calidad de vida de estas personas.

El director del IMSERSO concluía el acto haciendo un llamamiento para que se comience a ver el envejecimiento no como algo a lo que se llega, sino como algo con lo que vivimos desde que se nace.

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