José Luis Escrivá comparte las claves de la futura reforma del modelo público de pensiones

Tras haber mantenido el día anterior una reunión con patronales y sindicatos, la Comisión de Seguimiento y Evaluación de los Acuerdos del Pacto de Toledo recibía en la tarde del 9 de septiembre al ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, quien comparecía ante sus representantes en una sesión que era retransmitida en directo, dedicada a abordar la renovación de las recomendaciones que guiarán la futura reforma de las pensiones públicas.

El ministro comenzaba su intervención recordando la que fuera su primera comparecencia ante dicha Comisión (siendo esta en el mes de marzo), manifestando que la actual crisis que sigue golpeando a la sociedad española “no altera el diagnóstico” que se planteó en ese momento acerca del sistema de pensiones. La principal razón que explicaría esta invariabilidad residiría en que pese al impacto que está teniendo la COVID-19 en las cuentas de la Seguridad Social, este sería de una “naturaleza genuinamente transitoria”, mientras que las tendencias tendrían un carácter más a medio y largo plazo. No obstante, Escrivá volvía a llamar al consenso entre las formaciones políticas, a fin de conseguir devolver algo de certidumbre a unos pensionistas cuya preocupación por la sostenibilidad del modelo público de pensiones se habría incrementado con la pandemia. En concreto, dicha incertidumbre se ha visto traducida en un aumento de las jubilaciones voluntarias en los últimos años, habiendo llegado a suponer un 16% del total en 2019, así como del número de trabajadores autónomos que habrían optado por cotizar a la mínima ante el temor a que el sistema no esté garantizado. El objetivo principal es, por tanto, según apuntaba, conseguir un acuerdo que permita ofrecer tanto a pensionistas actuales, como futuros “un marco de referencia a medio plazo estable y creíble”.

Principales cambios que necesita el sistema

Si bien, José Luis Escrivá volvía a destacar la sostenibilidad del sistema, argumentando que el gasto en pensiones en España se sitúa cerca de un 11%, un punto y medio por debajo de otros países con modelos comparables, el ministro recordaba que la singularidad del modelo español apremia a realizar una serie de reformas que permitan seguir garantizando su viabilidad en el tiempo. Entre los aspectos sobre los que instaba a trabajar se encuentra el actual déficit de la Seguridad Social que, según lo indicado por el ministro, se situaría en un 2% sobre el PIB en el año 2020 (en 2019 este era de un 1,3%) y que en 2023 podría llegar a ser del 1,4% si no se actúa con celeridad, lo que comenzaría por liberar al sistema de “gastos indiscutiblemente impropios”.

Con respecto a la edad de jubilación, el ministro reiteraba la necesidad de seguir acercando la edad efectiva (64,6 años) a la legal (65,8 años) desincentivando las prejubilaciones, incentivando las jubilaciones tardías voluntarias y desarrollando fórmulas mixtas que permitan a aquellos que así lo quieran poder compatibilizar pensión y trabajo. Además de la falta de confianza sobre el modelo público como una de las principales razones que inducirían a los trabajadores a jubilarse anticipadamente, Escrivá también identificaba un desconocimiento generalizado acerca de las fórmulas de bonificación adicional para aquellos que demoran su jubilación a los 67 años.

La intervención del expresidente de la AIReF estaría también marcada por su referencia hacia los planes de pensiones individuales, los cuales, no cumplirían con su principal objetivo, el de generar ahorro, llegando a calificarlos como un producto muy caro y regresivo del que principalmente se beneficiarían las rentas más altas y que apenas contaría con la participación de los más jóvenes. Para revertir esta situación, la solución que plantea Escrivá pasaría por trasladar la fiscalidad favorable de los planes individuales a los de empleo.

El ministro concluía refiriéndose al actual borrador de la Comisión como “un excelente punto de partida para afrontar los retos del sistema”, habiendo identificado adecuadamente sus fortalezas y debilidades y destacando, a su vez, el consenso del que gozan sus recomendaciones, algo que Escrivá tildaba de muy importante a la hora de lograr devolver credibilidad al sistema.

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