Desde la pobreza y la discriminación hasta las ciudades: la conexión de los ODS con el envejecimiento

La Organización de Naciones Unidas puso en marcha los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una iniciativa para dar continuidad a la agenda de desarrollo tras los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en 2015. Los ODS son 17, que se subdividen en 169 metas, y se ocupan de pobreza, hambre, salud, educación, igualdad de género, desigualdades económicas o cambio climático. Pero también es posible seguir el rastro del envejecimiento en algunos de sus objetivos. En concreto, el envejecimiento o las personas mayores se mencionan en ocho de los 17 planteamientos.

El primer objetivo hace referencia a finalizar con la pobreza en el mundo. En España, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el porcentaje de personas mayores de 65 años que vivía por debajo del umbral nacional de la pobreza en 2017 fue 14,8%, un 1,8% más respecto al año anterior. Específicamente, la meta número tres del objetivo alude a instaurar “sistemas y medidas apropiadas de protección social” y, con la vista puesta en 2030, “lograr una amplia cobertura de los pobres y los vulnerables”. “Los Indicadores identificados para medir estos objetivos destacan específicamente que deben desglosarse por edad”, apostilla el movimiento HelpAge. Del mismo modo, la meta cuatro del objetivo 10, la reducción de las desigualdades, se refiere a la adopción de políticas, “especialmente fiscales, salariales y de protección social”, y lograr “progresivamente” una mayor igualdad.

El objetivo diez también se ocupa de un problema reconocido de las personas mayores: la discriminación que sufren en múltiples esferas de su vida, ya sea la laboral, la social o la familiar. La meta tres se refiere directamente a “garantizar la igualdad de oportunidades y reducir la desigualdad de resultados, incluso eliminando las leyes, políticas y prácticas discriminatorias y promoviendo legislaciones, políticas y medidas adecuadas”. A juicio de HelpAge, la implementación de los ODS debe reconocer “la victimización de las mujeres y hombres mayores”. Asimismo, el movimiento aboga, en línea con el objetivo diez, por la abolición de “las leyes, políticas o prácticas que discriminan en función de la edad, como las edades obligatorias de jubilación o los límites de edad para tratamientos de salud”.

La garantía de una vida sana y la promoción del bienestar “para todas las edades” es el objetivo tres de los ODS y su meta número ocho alude a “lograr la cobertura sanitaria universal, en particular la protección contra los riesgos financieros, el acceso a los servicios de salud esenciales de calidad y el acceso a medicamentos y vacunas seguros, eficaces, asequibles y de calidad para todos”. En esta línea se mueve también el objetivo cinco que, aunque se refiere a la igualdad de género, se relaciona con la salud y el bienestar de los mayores al hacer hincapié en “reconocer y valorar los cuidados y el trabajo doméstico no remunerados mediante servicios públicos, infraestructuras y políticas de protección social”. Entre las personas que realizan estos trabajos no remunerados se encuentran los cuidadores no profesionales. En España sí se ha dado un paso en este sentido con la recuperación en abril, por parte del PSOE, de la cotización a la Seguridad Social de estas figuras, que Mariano Rajoy suprimió en 2012.

La conexión del objetivo dos, hambre cero, con el envejecimiento también es real. No se refiere únicamente a la existencia de hambre en determinadas regiones del mundo, como África subsahariana, sino a la erradicación de fenómenos como la malnutrición en colectivos sensibles, como los niños y los ancianos. En España sí hay hambre y malnutrición. El INE revela que el 3,3% de las personas mayores de 65 años no podían permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días en 2017. En 2016 este porcentaje era del 2,2%.

Por último, puede seguirse el rastro del envejecimiento también en el objetivo once de los ODS, que alude a conseguir ciudades y asentamientos humanos “inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”. Las personas mayores suelen encontrarse con la limitación de determinadas infraestructuras o sistemas de transporte en las ciudades. La meta dos del objetivo promete “acceso a sistemas de transporte seguros, asequibles, accesibles y sostenibles para todos y mejorar la seguridad vial” con una atención especial a “las personas en situación de vulnerabilidad, las mujeres, los niños, las personas con discapacidad y las personas de edad” para 2030. Por otra parte, también para 2030, la meta siete propone el acceso “universal” a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles para mujeres, niños, personas con discapacidad y mayores.

El Plan de Acción para la Implementación de la Agenda 2030 del Gobierno se mueve en la misma línea que la ONU al indicar específicamente que entre los “retos” que afrontan pueblos y ciudades en España se encuentran la accesibilidad o la adaptación de las infraestructuras y servicios a las personas con discapacidad. No obstante, añade la variable del cada vez mayor número de personas mayores. El envejecimiento de la población y el alto índice de despoblación rural plantea desequilibrios territoriales.

El INE dice que este problema se da en más de 22 de las 50 provincias españolas, y existe una situación “crítica” en 14 de ellas, en las que más del 80% de sus municipios están en riesgo de extinción porque tienen menos de 1.000 habitantes y son localidades con censos demográficos altamente envejecidos.

Más información: Naciones Unidas

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